La succión es una necesidad innata en los primeros meses de vida y cumple una función de autorregulación y calma. En esta etapa, el chupete puede ayudar a tranquilizar al bebé, facilitar el sueño e incluso, siguiendo las recomendaciones pediátricas, asociarse con la reducción del riesgo de muerte súbita durante el primer año.
Sin embargo, el uso prolongado y continuo puede tener efectos en el desarrollo del habla, ya que limita el movimiento libre de la lengua y los labios, necesarios para balbucear y emitir nuevos sonidos. Además, puede influir en la interacción comunicativa y, si se mantiene más allá de los 2 años, favorecer alteraciones en el desarrollo orofacial y dental.
Desde el ámbito logopédico recomendamos un uso selectivo, en el momento de dormir o momentos puntuales, evitar que esté disponible todo el día y comenzar una retirada progresiva alrededor de los 16-18 meses, procurando que el hábito desaparezca, como máximo a los 2 años. La elección del chupete también es muy importante, eligiendo siempre el chupete con la tetina más pequeña posible y plana, que ésta sea fisiológica.
Cada niño y cada familia son únicos, por lo que el método de retirada será siempre personalizado. Es un proceso importante en el desarrollo infantil, debe ser RESPETUOSO Y EFECTIVO, y por ello, es recomendable hacerlo de forma progresiva y acompañada. Algunos consejos que nos puedes ayudar:
- Elegir un buen momento: Evitar etapas de grandes cambios (inicio de escuela, nacimiento de un hermano, retirada del pañal…).
- Reducir su uso poco a poco: Limitarlo primero a momentos concretos, como el sueño, y eliminarlo progresivamente durante el día.
- No ofrecerlo, pero tampoco negarlo bruscamente al principio: El objetivo es que deje de ser algo disponible de manera constante.
- Explicar el proceso con palabras sencillas: Adaptadas a su edad, anticipando lo que va a ocurrir.
- Ofrecer alternativas de consuelo: Cuentos, muñeco de apego, música suave, contacto físico o palabras de calma.
- Reforzar los logros: Valorar cada pequeño avance con reconocimiento y afecto.
- Mantener coherencia y calma: Es normal que haya momentos de resistencia; acompañar sin enfados ni castigos facilita el proceso.
Cada niño necesita su propio ritmo. Con paciencia, acompañamiento y coherencia, el proceso suele ser más sencillo de lo que imaginamos.

